El espiritismo cruzado surge en Cuba como una mezcla sincrética del Espiritismo tradicional con las prácticas religiosas de los pueblos Congo y Yoruba. Para los cubanos practicantes o que admiten los fundamentos de la religión de origen yoruba, la muerte no es más que otra forma de vida. Cuando una persona ha cumplido con éxito las tareas de depuración que le fueron encomendadas como ser encarnado; cuando además, por su obra material y espiritual se cumplen rigurosamente todos los rituales funerarios, ella logrará trascender a otras dimensiones que le convertirán en un “ku” o espíritu luminoso y, en posesión de esta condición, reencarnará en las esencias que le sean afines. En caso de que no se cumplan adecuadamente todas estas condiciones, la muerte supone su transformación en un “ba” o espíritu errante, que sólo podrá manifestarse como energía negativa, pues no contribuirá a incrementar su depuración espiritual, o lo que es lo mismo, no brindará aché a los seres encarnados.

La persona fallecida sólo alcanzará la categoría de “ku” cuando su alma llegue a ode orun, o mundo de los dioses, aunque en el camino a este grado espiritual, Olofi le encomiende diversas tareas de beneficio colectivo. Esto explica el por qué en los tratados teológicos yorubas –al igual que en los bíblicos-, la muerte de los más relevantes profetas se produce luego de muchos años de vida: la muerte no es sinónima de desencarnar, sino posibilidad de reencarnar como una partícula de luz divina.

Existe una gran contradicción entre los esfuerzos que debe hacer cada persona para procurarse los beneficios (ireses) para él, sus familiares y congéneres, y los perjuicios (osogbos) que le son enviados por Eshu para limitar y dificultar su existencia. Entre los esfuerzos para purificar el espíritu, se halla el llevar una vida religiosa íntegra, efectuar los sacrificios y ofrendas a los dioses y ancestros. Entre los osogbos aparecen: la muerte prematura y repentina, la enfermedad, los accidentes, etc.

<< Cuando Olorun procuraba materia adecuada para crear al hombre, todos los orishas partieron a buscarla; trajeron diferentes materiales, pero ninguno se prestaba para los fines requeridos. La muerte apareció con sus manos llenas de barro y no tuvo misericordia de su llanto, del agua que destilaba. Llevó el barro a Oloddumare, quien en principio lo entregó a Orichanlá y Olugama y más tarde él mismo, le insufló el hálito de vida. Olorun determinó que como Ikú había sido quien escogió el material adecuado, tendría el privilegio de recolocarlo en cualquier momento a su lugar de origen. >>

Es por ello que al fin de la existencia, Ikú nos lleva de regreso al barro. Se trata de un retorno, de una regresión. En relación con esta leyenda, tenemos el oddu de Ifá “Irete Kutan”, que en uno de sus versos dice: “Lo que la tierra da, la tierra se lo come”, lo que indica que la muerte es el retorno al principio esencial de la existencia.

Otro oddu de Ifá que contiene un rico concepto filosófico de la muerte es “Ogundá Iwori”, que dice: “Árbol que se poda, retoña”, lo que se interpreta como que es necesario limitar la existencia para resurgir fortalecido. La poda representa la interrupción de la vida; las ramas, los ancestros; los frutos, los hijos; las hojas verdes, el alma encarnada; las flores, el espíritu; y las hojas secas, el alma desencarnada.

Cuando muere una persona, se tira una sola vez el obbi, esto es el “Itutu”. Luego, a los nueve días, se hace una misa en la iglesia católica, y terminada ésta, todos los acompañantes regresan a la casa familiar para darle coco y saber su conformidad. Al año, se le hace una nueva misa en la iglesia, y posteriormente realizan la santera, a la que llaman “levantamiento del plato.” El objetivo del Itutu es el lograr que los seres queridos ya muertos, descansen en paz. Esta costumbre es muy respetada en esta religión, en la cual se cuenta siempre con los muertos.

La ciudad de Matanzas, conocida como “tierra de santeros”, se caracteriza por ser una de las ciudades de mayor y más variada presencia de los productos transculturales y sincréticos de las prácticas mágico-religiosas introducidas por los esclavos africanos en Cuba. Ellas son la Regla de Ocha o Santería Cubana, la Regla Iyessá, la Regla Arará, la Regla Palo Monte y la Sociedad Secreta Abakuá. Entre las personas que las practican está ampliamente difundida la variante cruzada del Espiritismo, el cual tiene como fuentes al llamado Espiritismo de Mesa o Científico, a la Religiosidad Popular Española y a las expresiones religiosas de origen africano, fundamentalmente la Regla de Ocha o Santería Cubana y la Regla Palo Monte.


El Espiritismo Científico o de Mesa fue introducido en Cuba desde los Estados Unidos en la 2da mitad del siglo XIX, y en la ciudad de Matanzas, hasta los años 60 del siglo pasado, se podían encontrar numerosos centros de práctica espírita, la cual se caracterizaba por:

- Presencia de un sencillo ritual.
- Posibilidad de comunicación con los espíritus directamente o a través de los mediums.
- Trabajo con espíritus”elevados” (sacerdotes, monjas, médicos, poetas, próceres, indios, etc.)
- Misa abierta para dar luz a los espíritus “atrasados”.
- Carácter hipodinámico de las misas.
- Uso de vasos de agua, flores y perfume.
- Lectura de poesías, rezos, plegarias y cantos de elevadas transmisiones espirituales.

Los que asistían sus sesiones eran, fundamentalmente, representantes de la pequeña burguesía, médicos, maestros, abogados, personas cuyo nivel cultural les permitía asimilar y llevar a la práctica las “elevadas” doctrinas filosóficas y éticas que profesaba en Cuba el Espiritismo de Mesa o Científico. Este tiene tendencias a las ideas y los sentimientos elevados, al perfeccionamiento moral y espiritual. Se identifica con el Catolicismo y con las ideas acerca del cielo, el purgatorio, el paraíso, el infierno, y la inmortalidad del alma.

Al ir penetrando la práctica espírita entre las amplias masas populares, fue asimilando elementos tanto de la religiosidad popular, introducida por inmigrantes españoles pobres, como de las prácticas rituales del culto a las deidades y antepasados que trajeron consigo los esclavos africanos, y las que han sido transmitidas de generación en generación, en todo un largo y contradictorio proceso de transculturación y de sincretismo, independientemente del color de su piel y extracción social.

Es necesario subrayar, que los practicantes de la Religiosidad Popular Cubana han ampliado su concepción mágico-religiosa, a través de las generaciones, al establecer los correspondientes lazos funcionales entre las diferentes expresiones religiosas de origen africano y el Espiritismo. Ellos, de manera general, consideran que mientras más y variados elementos dominen, más apoyo, poder y protección obtendrán de los seres y fuerzas sobrenaturales a los que rinden culto. Un mismo practicante puede ser espiritista, a la vez estar iniciado en las reglas de Ocha, Arará o Palo Monte, y pertenecer además a la Sociedad Secreta Abakuá.

Por eso la práctica del Espiritismo dentro de las masas populares ha ido asimilando elementos del culto a las deidades y a los antepasados de los diferentes sistemas mágico-religiosos de origen africano en Cuba. Esto lo ha posibilitado también el hecho de que los procesos mediúmnicos y de evocación de espíritus, a pesar de su diverso tratamiento, son inherentes no sólo al Espiritismo, sino también a las prácticas rituales mencionadas. Esto favorece su mutua influencia e interpenetración. Incluso, las prácticas del Espiritismo y del Palo Monte han enriquecido, entre los iniciados de la Regla de Ocha y la Regla Arará, la adoración de los antepasados, pues a través los caminos del Espiritismo y el Palo, los muertos pueden \"bajar y laborar” en beneficio de sus hermanos que “animan materia”.

Antes de continuar debemos aclarar la posición del Espiritismo Científico con relación al culto a los muertos y a los antepasados de origen africano Al respecto expresa Diolindo Amorín:

“... El mediumnismo forma parte del Espiritismo, pero se impone aclarar que mediumnismo no es Espiritismo; que existe mediumnismo en los cultos africanos es una cosa que no se discute y que en tal base, puede presentarse la tesis de que aún cuando tengan por base la inmortalidad del alma y realicen mediumnismo, las prácticas del Africanismo, a pesar de ser espiritualistas, no constituyen modalidades del Espiritismo. ... El Africanismo tiene ritual organizado, de acuerdo a sus seculares tradiciones fundado en la creencia en divinidades peculiares a su culto y, en lo que toca al Espiritismo, no adopta ni tiene ritual de ninguna especie, no tiene forma de culto ni adora divinidades. Es una doctrina científica, propensa al método experimental, de meditaciones filosóficas muy elevadas, toda vez que trata del destino del alma humana, preparando al hombre para la práctica del Bien, única senda que conduce a Dios”.

La invocación y evocación de espíritus tiene lugar en las llamadas misas o sesiones espiritistas, las cuales tienen como objetivo fundamental la invocación y evocación de espíritus con el objeto de lograr su ayuda y protección en los problemas de la vida cotidiana y trascendental. Además, en las misas, se trata de “dar luz” a aquellos hermanos desencarnados que la necesitan, o sea, a los espíritus que posean alguna forma de atraso espiritual. Ellas pueden clasificarse como misas de caridad, de recogimiento, para familiares, de investigación espiritual, de carácter festivo, etc. Las misas se realizan con el concurso de los mediums, los cuales son personas que, además de ser capaces de comunicarse con los espíritus, poseen ciertas facultades, tales como la clarividencia (visual y auditiva), intuición, presentimientos, etc.

Los mediums pueden trabajar con diferentes comisiones de espíritus, entre ellas, la árabe, la india, la africana, la gitana, la marina, la médica, etc., pero en la variante popular del Espiritismo. De estas comisiones se ha consolidado la comisión africana, presidida por los espíritus congos. Estos últimos han introducido su rica ritualidad, en la práctica espírita, Ella es evidente en la invocación y evocación de los espíritus, en la posibilidad de su manipulación mágico-religiosa y en la propiciación de la atmósfera espiritual necesaria con la ayuda de “limpiezas y despojos”. Estos espíritus son tan vitales que necesitan de ofrendas (comidas, bebidas, flores, etc.) y hasta de sacrificios de animales (palomas, pollos y gallos) para propiciar su existencia y poderes sobrenaturales. En sus manifestaciones, a través de los mediums, ellos fuman, ingieren bebidas alcohólicas, y realizan diversas acciones mágico-religiosas. Estos espíritus se presentan en las misas “con la corriente” de las deidades de Palo Monte que adoraban en vida, con la acción de Lucero (Elegguá), Zarabanda (Oggún), Siete Rayos (Changó), Madre Agua (Yemayá), Mama Chola (Oshún) y otros. Además, por emplear vehículos músico-danzarios para crear la atmósfera adecuada y como factor desencadenante de los estados de posesión, ellos le han concedido un carácter hiperactivo a las misas. De ahí que hayan surgido misas espirituales de carácter festivo, en las que se logra la manifestación de los espíritus, no con la ayuda de elevados rezos, plegarias y transmisiones espirituales, sino por medio de cantos y bailes donde se entremezclan las más ricas tradiciones músico-danzarias paleras (“hala congo”) y de la Rumba Cubana. Esas variantes festivas son: el Tambor, el Cajón, y la Rumba al Muerto. En ellas la utilización del espacio es mucho más activa que en el Espiritismo Científico o de Mesa.

El practicante del Espiritismo Cruzado, como los practicantes de los sistemas religiosos de origen africano, está inmerso en un ininterrumpido diálogo trascendental con los seres y fuerzas sobrenaturales que adora, con el objetivo de hallar ayuda y protección. Esto los arrastra a una realidad especial de existencia, a un mundo de lo fabuloso, donde el agua, las plantas, el aroma de ciertos alimentos, la palabra, y los más disímiles objetos, acciones y fenómenos que lo rodean, resultan ser las representaciones, los contenedores, de las fuerzas que pretende desencadenar, y cuyos sentidos y supuestas propiedades trata de manipular, para así propiciar su protección y ayuda. Con relación a esa \"especial\" realidad expresa J.J.Figarola:
\"...la realidad tenida convencionalmente como normal coincide con la realidad que hemos denominado aspirada y esta coincidencia conduce, a su vez, a que la realidad factual, habitual, resulte sustituida por una realidad representada, dentro de la cual nada de lo que se ve, se toque o se guste, tiene propiedad alguna en su específica materialidad, sino sola y simplemente en lo que constituye como representación. Claro que no es una representación caótica o caprichosa, sino también ajustada a un código preestablecido, frecuentemente críptico y altamente complejo de descifrar.\"

Y en esa realidad especial o aspirada:
\"…Un vaso de agua no es un vaso, una vela no es una vela, un chivo degollado no es un chivo degollado, un árbol no es un árbol, el suelo no es el suelo, el viento no es el viento, la vida no es la vida, la muerte no es la muerte. Son expresiones de un mundo subjetivo único y totalizador que no es igual para todos los sistemas mágico religiosos.\"

De esta manera, también el espacio físico donde transcurren las actividades mágico religiosas propias del Espiritismo Cruzado tampoco es el mismo espacio objetivo donde transcurre la actividad natural y social del hombre, y con el cual establece ciertas relaciones. Este sufre una reinterpretación simbólica a través del prisma de las ideas y representaciones mágico religiosas de la creencia en cuestión. Resulta ser el mismo espacio, pero a la vez no lo es. Como resultado de un cambio de representaciones, propiciadas por la acción de determinados rituales, se ha ido desprendiendo de su universo cotidiano, ha adquirido determinadas características, cierta atmósfera especial, que lo han transformado, y lo hacen diferente. Para los espiritistas, ese espacio está situado, fundamentalmente, frente a la mesa altar. Ese espacio “especial”, según Yalexis Castañeda Maché, resulta ser:

\"¨…el lugar propicio para hacer trascender sus ideas, \"sentir\" en su cuerpo las fuerzas o corrientes espirituales o \"pasar un muerto\", al decir de los entrevistados. Allí todo lo que sucede se interpreta como expresión de una \"realidad\" que en el curso de la actividad se va legitimando frente a los presentes y que sólo encuentra pertenencia a través de la práctica misma. A esto le denominamos espacio real-simbólico, en el cual el practicante recrea su propio imaginario de la creencia dotándolo de sentido, virtudes y poderes sagrados, los que se hacen explícitos en la práctica según la dimensión social y subjetiva de la necesidad que presentan.\"

En general, esta expresión religiosa no posee centros o locales especializados para sus misas o sesiones. El espiritista utiliza una habitación de su propia casa para colocar su mesa-altar, la cual resulta ser el centro de fuerzas ante el cual se desarrollan las actividades espiritistas fundamentales. Esta es una mesa cubierta por un paño o tela blanca sobre el cual se disponen una serie de objetos que representan o simbolizan las fuerzas espirituales a las que se rinde culto, y los cuales resultan necesarios para los procesos de invocación y evocación de espíritus. La preside un crucifijo y una copa de cristal con agua, dedicados al Santísimo. Esta entidad espiritual resulta ser la superior fuerza espiritual adorada, dador de luz y paz espiritual, de fe, esperanza y caridad, tan necesarios para los espíritus encarnados o desencarnados, que según la creencia espírita, habitan la Tierra. Se disponen también 6 ó más vasos de agua, dedicados a los espíritus guías, protectores y familiares de la persona a la que pertenece la mesa altar. En ella se colocan barajas, búcaros con flores y una vela. También pueden estar presentes imágenes de santos, muñecas y muñecos “cargados”, los cuales representan a determinados espíritus protectores

Si el practicante del Espiritismo está iniciado en la Regla de Ocha, en la Regla Arará, e incluso en la Regla Palo Monte, entonces en la misma habitación puede estar situada la mesa altar espiritista junto a objetos y atributos sagrados, propios de estas diferentes expresiones religiosas de origen africano. De esta manera, la mesa altar puede estar colocada a un lado del llamado canastillero de la Regla de Ocha, mueble donde se encuentran las llamadas soperas, recipientes que contienen los atributos de sus deidades. Sus objetos sagrados pueden compartir el espacio de la misma habitación, pero sus prácticas rituales, por tradición establecida, no se entremezclan. Se excluyen entre sí. Este hecho conlleva a que habrá un mismo espacio físico que será compartido por la práctica de las diversas expresiones religiosas en las que está iniciado el creyente. Pero mediante determinados rituales, cada una de las diferentes expresiones religiosas nombradas asimilará, transformará, el espacio físicamente compartido, y lo convertirá en su propio espacio real simbólico durante el transcurso del ritual. En las misas este espacio es establecido, a su inicio, con la lectura del rezo espiritista “Al empezar la reunión”, y por la invocación y evocación de los espíritus mediante diferentes rezos y cantos espirituales. El rezo “Al fin de la reunión”, que señala la conclusión de la sesión espiritista, reestablece el “carácter normal” del espacio utilizado. Se debe tener en cuenta que en ocasiones las fronteras entre los espacios propios de las diferentes expresiones religiosas se desdibujan un poco. Tal es el caso de la manifestación de los llamados “santos muerteros” en las misas. Son deidades de la Regla de Ocha, pero con “camino” espiritual. Ellos son La Caridad del Cobre (Oshún), La Virgen de Regla (Yemayá) y San Lázaro (Babalú Ayé).

La mesa altar preside el círculo en que se disponen los asientos que ocupan los participantes de la misa. En su extremo izquierdo y en el derecho se sientan los mediums cabeceras que dirigirán la actividad. Los demás participantes completarán el círculo. Esta figura geométrica representa de manera simbólica el espacio finito por el cual pueden circular las fuerzas o corrientes espirituales de una manera más eficiente, y que serán canalizadas con la ayuda de los elementos sagrados que componen la mesa altar, presidida por la cruz y la copa del Santísimo, y simbólicamente iluminada por la llama de la vela. En el caso de una “investigación”, “desarrollo”, o “coronación” espiritual, la persona en cuestión se sentará en medio de ese círculo de frente hacia la mesa altar, con el objetivo de que hacia ella confluyan las “fuerzas o corrientes” espirituales necesarias para alcanzar el objetivo propuesto. La concepción del círculo también es utilizada en los bailes que tienen lugar en las misas de carácter festivo que se realizan en algunas casas-templos de la Regla de Ocha en la Ciudad de Matanzas. Es también para favorecer la adecuada transmisión de las corrientes espirituales entre los participantes, lo que a su vez propicia los estados de posesión de los espíritus invocados. Debemos recordar que el baile en círculo frente a los tambores rituales en las fiestas dedicadas a los orishas es parte de la tradición ritual de la Regla de Ocha, realizado con el propósito de concentrar las fuerzas que desencadenan los estados de posesión de los orishas entre sus participantes.

A los muertos, llamados eggun en la Regla de Ocha, en esta expresión religiosa de origen yoruba se les rinde culto en el “Rincón de Eggun o del Muerto”. Este rincón debe estar situado en el patio del iniciado. Allí se les dedica a los eggun diferentes ofrendas de flores, comida, bebida o sangre de los sacrificios de animales (paloma, pollo o gallo), y se realizan hasta sacrificios de animales, para lograr su propiciación en el culto a los orishas o santos. Es tradición, para los santeros, realizar misas en la Iglesia, o misas espirituales, ante cualquier ceremonia importante de la Regla de Ocha, tales como comidas a los santos, cumpleaños, iniciaciones, etc. Los muertos son los primeros en ser atendidos en la realización de las diversas ceremonias rituales de la Regla de Ocha. Es tan importante su culto que, entre los santeros, está ampliamente difundida la frase: “”Ikú lobi Ocha” (“El Muerto pare al Santo” o “Primero el Muerto y después el Santo”.). Al hablar sobre los eggun expresó la difunta santera Noemí González:
“Eggun y espíritu son el mismo muerto, pero espíritus son aquellos que están más cercanos a Olofin, y se les pone vasos de agua en alto, y se les hace misas espirituales o en la iglesia. Ellos pueden hablar por la boca de los espiritistas que son los mediums.

Los eggun están apegados a la tierra, a las obras de la santería, por eso se les pone, en un rincón, un poco de todo lo que comemos los vivos, y además, café, aguardiente y tabaco. Ellos hablan, pero por los cocos y los caracoles. Sin contar con ellos no se puede hacer ninguna obra en la santería. Un muerto se puede manifestar o como eggun o como espíritu, depende de cómo venga trabajando...”

El Rincón de Eggun es un sitio especial que ha traspasado los límites del sistema religioso que lo originó, pues los muertos, sin tener que venir necesariamente por el camino de la Regla de Ocha, pueden recibir en él una atención “más material”. Además, allí se realizan determinadas acciones rituales que pueden propiciar el curso de las actividades espiritistas.

En el caso de que el creyente esté iniciado en las prácticas de Palo Monte, su nganga, cazuela o prenda debe estar situada en otra habitación o sitio de la vivienda. Su carácter “material” puede interferir en el buen funcionamiento del campo espiritual, debido a que este último es considerado “más puro” por los practicantes. Debemos recordar que la nganga resulta ser el recipiente – contenedor de los objetos y sustancias que representan o simbolizan las fuerzas o poderes mágico religiosos adorados en Palo Monte. Contiene, entre otros elementos, a distintos palos del monte, partes de ciertos animales, tierra o polvo de diferentes lugares, y hasta restos óseos humanos, pues el muerto resulta ser el catalizador, el que canaliza las fuerzas mágicas representadas en la nganga. Ella también ocupa un lugar significativo dentro del espacio real simbólico de la vivienda del practicante del Espiritismo. En las misas espirituales se pueden presentar también estos nfumbes o “espíritus de cazuela”, que pueden ser los muertos de las ngangas, pertenecientes a alguno de los participantes de la misa. Los nfumbes pueden presentarse también como “espíritus enviados” por un enemigo para perturbar la casa, o a una de las personas que participa en la misa. Con relación a ellos se realizan diversas acciones con carácter exorcista para alejarlo de las personas obsesadas por él, o expulsarlo de la casa donde se realiza la misa.

Si el espiritista posee una nganga o cazuela, su poder estará latente durante las misas espirituales. Se puede invocar la capacidad de exorcismo en el caso que sea necesario expulsar de la sesión, y de la casa, a algún espíritu muy “endurecido” o “de cazuela”, espíritu con el que no hayan sido suficientes los comunes procedimientos de “darle luz” (convencimiento, imposición de crucifijo, etc.) El poder de la nganga se invoca y se canaliza con la ayuda de ciertos procedimientos mágicos en los que se trazan las llamadas firmas de Palo Monte. Estas resultan ser unos signos gráficos de carácter pictográfico donde se combinan elementos figurativos (sol, luna, estrellas, calaveras, etc.) y geométricos (líneas, círculos, cruces, etc.

Otro lugar altamente significativo en el espacio real simbólico utilizado por el espiritista lo es la puerta de su propia casa. Ella por ser el sitio que establece el límite entre la seguridad del hogar y la posibilidad de lo imprevisto, del azar y del peligro de afuera, ha sido objeto de creencias y de ritos especiales que le conceden un carácter sagrado a lo largo de la historia de la Humanidad, en el seno de numerosos pueblos. Se le da mucha importancia a su capacidad de detener las malas influencias y dejar pasar las buenas. A pesar del carácter intangible de los espíritus, de su capacidad para atravesar los objetos sólidos, como paredes y muros, ellos sólo pueden entrar a las casas a través de sus puertas, las que poseen un valor simbólico plenamente reconocido en la dimensión espiritual.

En el Espiritismo Popular, por influencia de la Regla de Ocha y de Palo Monte, “se le da de comer” a la puerta, con el objetivo de fortalecerla. Se utilizan, entre otros elementos, harina de maíz, cacao, cascarilla, maíz tostado, pescado y jutía ahumados, miel, y hasta sangre de pollitos sacrificados al efecto. Durante las misas se coloca detrás de la puerta de la calle, con una vela encendida, a Elegguá (Regla de Ocha) o a Lucero (Regla Palo Monte) Estas son deidades que representan el azar, lo imprevisto, “abren y cierran” todos los caminos”. Ellos desempeñan allí su función de guardieros, para no dejar pasar las “malas influencias. En este sentido, también se colocan diferentes objetos que tienen la virtud de detener y alejar esas ”malas influencias”, se colocan ramas de ciertos árboles o manojos de ciertas hierbas, cadenas, machetes, clavos de línea preparados”. Incluso, se trazan firmas de Palo Monte en la parte interior de la puerta, lo que estaría representando el poder de guardiero y protector de una nganga.

En las misas, además del espacio real simbólico, que se puede segmentar, que posee lugares y objetos que lo delimitan, y con el que se establecen especiales relaciones, también se puede hablar de un espacio referencial al que aluden los seres sobrenaturales que en ella se manifiestan. Es un espacio que es objeto de referencias por formar parte de sus individuales historias o posibles escenarios de acción, pero que también puede ser el posible sitio o entorno donde tendrá lugar uno de los “trabajos” (acciones mágico religiosas) propuestas por los mediums o los espíritus que se han presentado en la misa. Ellos pueden indicar, por ejemplo, que para propiciar la ayuda y protección de Oshún, deidad que simboliza la sensualidad y alegría femeninas en la Regla de Ocha, la persona debe dedicarle a ésta 5 panetelas con miel de abejas, a los 5 días llevarlas al río y plantearle allí su petición.

Por último podemos afirmar que en las sesiones de la variante popular del Espiritismo observadas en nuestra ciudad se hace evidente que el practicante establece en ellas todo un diálogo trascendental con las entidades espirituales que invoca con el objetivo de lograr su ayuda y protección. Este diálogo resulta ser un especial proceso de comunicación, pues hace interactuar interlocutores que provienen de diferentes planos de existencia, real y sobrenatural. Por medio de rituales de palabra y acción se logra crear la justa dimensión que permite confluir hombres y espíritus en el plano físico, en el espacio donde tiene lugar la sesión espiritista. Pero toda la casa entra a formar parte de ese espacio real simbólico establecido por el ritual, desde la habitación donde tiene lugar la sesión espiritual, el llamado “Rincón del Muerto”, y la puerta de la calle, hasta los simples rincones de las habitaciones. Estos últimos son los sitios preferidos, como escondrijos, por los “espíritus oscuros”, los cuales deben ser expulsados de allí, y de la casa, por medio de “limpiezas y despojos”.

La funcionalidad de ese espacio transformado por el ritual en el Espiritismo Cruzado está condicionada por una convención establecida por la tradición, la que garantiza la integridad del mismo, y evita, o limita, las interferencias de fuerzas o entidades sobrenaturales pertenecientes a otros sistemas rituales de origen africano. Si no hay transformación simbólica del espacio no hay un adecuado curso de la actividad espiritista, y no habrá entonces un favorable diálogo con los espíritus invocados. La sesión espiritista estaría a merced de la improvisación, y también de la posibilidad de atraer a entidades espirituales desfavorables o maléficas, que vendrían a perturbar el curso de la misma, lo cual se trata de evitar a toda costa. En ello consiste la importancia del adecuado tratamiento del espacio en el Espiritismo Cruzado.


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